Aunque se ha avanzado mucho a nivel médico y de las altas tasas de supervivencia, el cáncer de mama sigue teniendo un gran impacto en la vida de las personas que lo padecen, especialmente en las mujeres. A pesar de que la investigación, la prevención y la detección precoz han servido para aumentar la supervivencia media a cinco años hasta el 85,5%, las consecuencias van más allá del tratamiento físico. Este tipo de cáncer afecta aspectos íntimos y personales como la feminidad, la autoestima, la imagen corporal y la identidad. Después de la cirugía, muchas mujeres enfrentan cambios drásticos, lo que puede derivar en baja autoestima, problemas en las relaciones sexuales o de pareja, así como un fuerte malestar emocional.
38.318 personas recibirán un diagnóstico de cáncer de mama en España durante 2026, mientras que, actualmente, 516.827 ya conviven con la enfermedad y con secuelas físicas, emocionales, laborales y sociales. Esta realidad no solo supone un reto psicológico, sino también un desequilibrio en la vida social, familiar y laboral. Cerca del 70% de las personas afectadas considera que el cáncer de mama ha supuesto un parón en su trayectoria profesional. El 65% tienen miedo con frecuencia a que el cáncer reaparezca. Más de la mitad manifiestan dolor, fatiga y problemas de sexualidad. Y el 25% ha tenido problemas económicos debidos a la enfermedad.
Frente a esta realidad, el proyecto busca acompañar de forma integral a quienes atraviesan esta enfermedad, no solo con atención sanitaria, sino también con apoyo emocional, social y material. Así, se busca aliviar la carga que el cáncer de mama impone en todos los ámbitos de la vida, mejorando el bienestar, la autonomía y la calidad de vida de pacientes y familias.
Porque hay muchas razones para tomárselo a pecho.