En la República Democrática del Congo (RDC), casi 9 millones de personas se han visto obligadas a huir de sus hogares a causa de la violencia, muchas de ellas en múltiples ocasiones. Estas personas viven en un contexto marcado por el miedo, la inseguridad y la incertidumbre. Como consecuencia, un elevado número busca protección más allá de las fronteras del país, especialmente en Burundi, Ruanda, Uganda, Tanzania y Zambia.
ACNUR trabaja tanto dentro como fuera de la RDC para garantizar la protección de las personas refugiadas y desplazadas, apoyando a los gobiernos y a las comunidades de acogida para asegurar el acceso a servicios esenciales y a oportunidades que les permitan reconstruir sus vidas. Entre estas acciones se incluyen actividades educativas, comunitarias y deportivas que ofrecen entornos seguros, inclusivos y protectores.
En situaciones de emergencia, ACNUR actúa con rapidez para cubrir las necesidades básicas de la población afectada y para prevenir la violencia, la explotación y los abusos, con especial atención a la violencia sexual y a los riesgos específicos que enfrentan los niños y las niñas. En este contexto, el acceso a espacios seguros, como los entornos deportivos y recreativos, resulta fundamental para apoyar la recuperación, cuidar la salud mental, fortalecer la convivencia y ofrecer a niños, niñas y jóvenes un lugar donde sentirse protegidos y volver a confiar.
ACNUR trabaja para crear un entorno propicio para la protección, en el que el deporte se consolida como una herramienta esencial para promover la inclusión, la cohesión social y el bienestar psicosocial. El deporte y el juego desempeñan un papel clave en la creación de espacios seguros y positivos que favorecen el aprendizaje, el desarrollo integral y la resiliencia de niños, niñas y jóvenes desplazados. Asimismo, estos espacios permiten abordar de forma preventiva los riesgos de protección a los que se enfrentan, fortaleciendo sus capacidades y redes de apoyo.
Apoyar causas como esta, significa ayudar a garantizar que las personas refugiadas y desplazadas puedan construir un futuro mejor, logrando cambios positivos y sostenibles en sus vidas y en las de sus comunidades, y contribuyendo al desarrollo de sociedades más seguras, inclusivas y basadas en los derechos humanos.