Dos potentes terremotos consecutivos sacudieron Venezuela el pasado 25 de junio, dejando una profunda huella de destrucción en varias zonas del país, especialmente en Caracas y el estado de La Guaira.
Los sismos, de magnitudes aproximadas de 7,2 y 7,5, se produjeron con apenas unos segundos de diferencia, provocando el colapso de edificios, la destrucción de numerosas viviendas y graves daños en infraestructuras esenciales.
Según informaciones de las autoridades gubernamentales, al menos 1.943 personas han perdido la vida y unas 5.034 han resultado heridas, mientras los equipos de emergencia continúan las labores de búsqueda y rescate. Se teme que estas cifras continúen aumentando.
Miles de familias han tenido que abandonar sus hogares o permanecen en el exterior por miedo a nuevos derrumbes. Muchas de ellas están pasando la noche a la intemperie, sin acceso a refugio seguro, agua potable ni servicios básicos. Además, los cortes de electricidad, agua y gas están dificultando tanto la respuesta humanitaria como las condiciones de vida de la población afectada.